Domingo, 20 Agosto 2017
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ABRAHAM LACALLE, LAS SECUELAS DEL CONFLICTO
por Mercedes Pimiento Publicado el 12 de Abril de 2016

ABRAHAM LACALLE > Incendios
 
Galería Marlborough - Barcelona
Hasta el 30 de abril de 2016
 

Al acercarnos al trabajo de Abraham Lacalle (Almería, 1962), nos damos cuenta de que se encuentra en un momento de madurez y profunda transición. Desde que debutara en los años ochenta —en concreto, en la exposición colectiva ‘Ciudad Invadida’ que tuvo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla en 1983 y en la que expuso junto a otros jóvenes artistas de su generación como Curro González, Pepe Espaliú o Guillermo Paneque entre otros—, Lacalle ha desarrollado un trabajo pictórico en el que ha mantenido una personal interpretación del color junto con una tensión constante entre lo abstracto y lo figurativo. A lo largo de su producción podemos encontrar innumerables referencias e influencias que van desde la historia, la literatura o el pensamiento lacaniano hasta el cómic o el grafitti.


Después de más de tres décadas de trayectoria nacional e internacional, el artista almeriense —formado en Sevilla y residente en Madrid—, presenta en la galería Marlborough Barcelona una selección de sus últimos trabajos bajo el título ‘Incendios’ en los que se aprecia un giro radical dentro de su producción artística. Se trata de una serie de óleos y acuarelas de mediano y gran formato realizados entre 2015 y 2016 pertenecientes a un proyecto más amplio que viene desarrollando desde 2014 titulado ‘Campos de batalla’, en el que retrata distintos paisajes devastados que son reflejo tanto de la crisis social como del conflicto interno inherente al ser humano derivado de la relación con su entorno.[1]
 
El bosque, ya sea por sí solo o yuxtapuesto a la ciudad, se ha constituido como una iconografía muy presente a lo largo de su trayectoria. En sus trabajos precedentes, encontrábamos bosques alegóricos como “lugares donde nunca sucede nada”[2], paisajes compuestos de estratos superpuestos de elementos estilizados, geométricos y con un eminente carácter abstracto, ligados a distintos planteamientos conceptuales. Sin embargo, en obras como ‘Tiempo de guerra’ (2015) o ‘Incendios’ (2016), ambas presentes en la muestra, nos encontramos con una pintura más descriptiva, más cercana a la figuración. Están compuestas de colores vivos y brillantes que el artista ya no dispone en campos de color plano o en más o menos suaves degradados, sino que aplica mediante pinceladas insistentes y gestuales, con gran carga matérica y una intención marcadamente dibujística. Se trata de composiciones vibrantes, y viscerales, cuya utilización de colores intensos, la gestualidad a la hora de aplicarlos y ciertas composiciones y perspectivas aceleradas nos podrían llevar a relacionarlos con el expresionismo alemán.
 
Otra característica distintiva de esta nueva serie de trabajos es la temática. Si bien sigue habiendo un cierto punto de partida autobiográfico en el que el autor parte de su relación con su propio contexto, en su nuevo trabajo las referencias históricas y la crítica social cobran un importante protagonismo. Podríamos citar como punto de inflexión la obra ‘1968’ (2013) que formó parte de la exposición ‘Pintura bélica’ en el CAAM. Se trata de un paisaje boscoso en el que aparece un niño en primer plano, en blanco y negro, con un brazo levantado haciendo lo que parece ser un saludo nazi. En los motivos vegetales del bosque sigue habiendo una tendencia a la abstracción y una contención del gesto pictórico, pero tanto el título como la posición del niño parecen hacer referencia a momentos históricos conflictivos.
 
En ‘Incendios’, los espacios naturales que aparecen, lejos de trasladarnos a emplazamientos idílicos, nos muestran panoramas de devastación. El paisaje se hace protagonista como escenario y víctima de la actividad humana. En palabras de Omar Pascual-Castillo, «Lacalle huye de la presencia del sujeto, dejándonos ante el testimonio de su huella arrasadora. Lo cual lo coloca lejos del universo urbano, inmiscuido en el rural universo campestre, oscuro y misterioso, del bosque y la selva, pero donde el sujeto es apenas percibido, únicamente insinuado.» De esta forma, el artista introduce el tiempo narrativo en sus cuadros: nos coloca frente a imágenes que son la consecuencia de un acto anterior y que a su vez contienen una probable secuela.

Esta temática de guerra, conflicto y desolación nos remite de nuevo al expresionismo alemán antes mencionado. Sin embargo, al enfrentarnos al trabajo de Lacalle nos encontramos con que es mucho menos agresivo que el de los autores alemanes. Irónicamente, el artista nos presenta un contenido crítico a través de un medio seductor, un colorido brillante y lleno de ritmo que nos atrapa a través de los sentidos. Si pensamos en obras como ‘Las trincheras’ (1918) que Otto Dix pintó tras combatir en la Primera Guerra Mundial, en la que las figuras humanas desgarradas se descomponen para mezclarse con el paisaje que las contiene, podemos ver una impresión de quien ha visto el horror en primera persona. En cambio Abraham Lacalle nos muestra el conflicto sin la presencia de sus protagonistas, marcando así una cierta lejanía, y a través de una imagen edulcorada. Es decir, nos lo muestra tal y como estamos acostumbrados a recibir constantemente este tipo de imágenes del horror: desde la seguridad y la distancia, a través de una pantalla y tamizadas por los medios de comunicación.



[1] Hemos podido ver otras muestras de este proyecto en exposiciones como ‘El tríptico de Málaga’ (CAC Málaga, enero de 2015) y ‘Pintura bélica’ (CAAM, Las Palmas de Gran Canaria, en octubre de 2015).
[2] ‘Un lugar donde nunca sucede nada’ es el título de la exposición que realizó en el Museo Reina Sofía en 2005, comisariada por Kevin Power.

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PRESENTE CONTINUO - Sevilla (España) - 2015 - ISSN 2444-5231
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