Viernes, 19 Octubre 2018
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JUAN CANELA: “El arte puede ser un agente activo muy importante en la sociedad, y la raíz de todo está en la educación”
por Mercedes Pimiento Publicado el 29 de Abril de 2015

Juan Canela (Sevilla, 1980) vive y trabaja en Barcelona. Es crítico y comisario independiente, y miembro fundador de los colectivos BAR project, Azotea y Radiobucket.

Lleva a cabo distintas líneas de trabajo, a través de medios y proyectos interdisciplinares, mediante los cuales investiga en torno a las nuevas formas de trabajo en la era post-fordista y nuestra posición dentro de ellas; el escenario post-humano relacionado con las teorías del nuevo materialismo; propuestas de educación artística no habituales; o el lugar de arte contemporáneo en un escenario de cambio social, re-pensando sus propias dinámicas de funcionamiento.

Nos encontramos con él en Fireplace, un nuevo espacio de creación y coworking en el barrio de Poble Nou.

Mercedes Pimiento. Cuéntanos por favor un poco acerca de tus inicios, ¿cuáles fueron tus primeros pasos y qué te llevó a interesarte por la crítica y el comisariado?

Juan Canela. Mi madre trabajaba en museos, y trabaja todavía en Ad Hoc, una galería de arte contemporáneo en Vigo, con lo cual desde pequeño he estado en contacto con el arte. Luego estudié Historia del Arte. Después de eso hubo un momento de incertidumbre. Hice un curso en Madrid sobre arte contemporáneo que impartía Rosina Gómez Baeza. Era el principio del MUSAC y Rafael Doctor vino a dar una charla, hablando de las becas de comisariado del museo y me empecé a enterar de lo que era un comisario y a interesarme por el comisariado. Vine a Barcelona a hacer un máster en comisariado y arte digital en el MECAD de ESDI en colaboración con la universidad Ramón Llul y me sirvió para entender cómo funciona a nivel profesional el mundo del arte, y empecé a ver claro que quería dedicarme a eso. Y esos fueron mis inicios. A partir de ahí empecé a hacer proyectos y presentarlos donde se me ocurría. Lo primero que hice fue un ciclo de exposiciones en el centro cívico de Barceloneta, un centro cívico muy pequeño. Después del máster hice también una internship en la Peggy Guggenheim de Venecia que me dio una visión de lo que significa trabajar en un museo de esas características. A la vuelta empecé a trabajar en Nogueras Blanchard, donde estuve realizando distintas labores durante 5 años. Era una galería joven y era un proyecto con el que me identificaba y me identifico mucho. Fueron cinco años de un aprendizaje increíble, y también de mucho trabajo porque seguía con mis proyectos de comisariado paralelamente, hasta que decidí que quería intentar vivir de eso y dedicarme por completo al comisariado.

M.P. Vemos que los proyectos curatoriales colectivos ocupan un lugar muy importante dentro de tu trabajo. ¿Cómo surgen y cuáles son los objetivos de BAR Project, Azotea y Radiobucket?

J.C. Desde el principio me interesó mucho trabajar con gente, supongo que porque como persona me gusta lo mismo, soy alguien bastante sociable. Hay una frase  de un colectivo curatorial de Zagreb llamado What, How & for Whom que dice: ‘trabajar en colectivo no es ni mejor ni peor que trabajar solo, simplemente pasan cosas distintas’. Uno de mis primeros proyectos, después del proyecto de Barceloneta, fue un ciclo de exposiciones en Tarrasa en el Espai 2 de la sala Muncunil, y lo hice con Ane Agirre. Éramos amigos y decidimos intentar hacer proyectos juntos. ‘Azotea’ es eso, Ane y yo. Hacemos proyectos curatoriales de distintos tipo: exposiciones, charlas, programas de video…los formatos son siempre muy variados.

‘Radiobucket’ es un proyecto que surge también de conversaciones con gente cercana, en respuesta a algo que echábamos de menos, que era un espacio en el que reunirnos con otros agentes y discutir tranquilamente de las cosas que nos interesaban. Como no teníamos presupuesto, y no podíamos pagar a los invitados para que prepararan un discurso y lo presentaran delante de un público, decidimos invitarles a tener una conversación privada, grabarla, hacer un podcast y hacerla pública. De ese modo, invitándolos a una cerveza o un café, pensamos que la cosa estaba más compensada. Éramos siete u ocho personas: artistas, críticos, comisarios, diseñadores…con muchos intereses distintos. Los formatos eran muy variados, lo único que teníamos que tener presente es que tenía que ser una charla crítica y con profundidad sobre el tema que se iba a tratar. Ahora mismo está parado, de la misma forma que nació, lo fuimos dejando aparcado, de forma natural.

Por otro lado, ‘BAR project’ es un programa de residencias internacionales en el que trabajo con otras dos comisarias: Andrea Rodríguez Novoa y Verónica Valentini. De nuevo, surge de algo que echamos en falta y que nos parecía urgente cubrir en Barcelona: la presencia de actores internacionales en la escena, tanto artistas como comisarios, jóvenes o de media carrera que pasaran por aquí y tuvieran una relación con el contexto. Pensamos mucho desde el principio qué significaba hacer un proyecto independiente hoy y aquí en Barcelona, cómo podía financiarse un proyecto así, cómo queríamos trabajar, de qué manera nos queríamos relacionar con el resto del contexto, con el contexto internacional. Teníamos claro que queríamos que funcionara por invitación; es un programa comisariado, lo que significa que cada año funciona por una temática. No hacemos convocatoria, nos parece que en Barcelona, y en España en general, hay muchísimas cosas que funcionan por convocatoria y muy pocas que tengan un carácter curatorial. Era importante para nosotros también que si funcionaba por invitación, teníamos que ser capaces de cubrir las necesidades básicas que pensamos que una residencia tiene que ofrecer: viaje, alojamiento, unos honorarios y una partida de producción. Y además, ser capaces de pagarnos a nosotros también por hacer el trabajo.

Esta es ya la tercera temporada. Tenemos dos residencias de tres meses al año. Vienen dos artistas y un comisario cada vez y hacen un proyecto. Hay mucho interés en que se relacionen con el contexto, hacer encuentros, studio visits, presentaciones… y al final presentan lo que han estado trabajando aquí. Por otro lado, tenemos visitas cortas de comisarios internacionales, que vienen una semana o 10 días a empaparse del contexto: conocen artistas, galerías y proyectos de la ciudad. Los últimos años, varios comisarios que hemos traído han invitado artistas de aquí a exponer fuera. Además han surgido colaboraciones entre galerías, ferias, museos, centros de arte… se han dado todas esas relaciones, que es lo que realmente echábamos de menos; es tan fácil como invitar gente aquí.

M.P. En tus proyectos, a menudo utilizas formatos y espacios expositivos poco convencionales. Por ejemplo, tus últimos proyecto en Barcelona: por un lado el ciclo de video ‘Me and You and Everyone We Meet’, que tiene lugar en un cine; por otro, ‘Lesson 0’, un ciclo de cuatro exposiciones relacionadas con la pedagogía, en el que el espacio expositivo se entiende como un espacio dinámico, un lugar desde el que trabajar directamente con agentes del entorno educativo de la ciudad. Cuéntanos un poco acerca de estos proyectos y cómo se relacionan con el entorno -físico y social- en el que se desenvuelven.

J.C. En BAR project hay un interés muy grande en trabajar en espacios no habituales para el arte contemporáneo. Todos los proyectos de los residentes intentamos presentarlos en lugares que encajen con el propio proyecto. Por ejemplo, Nicoline van Harskamp, una artista holandesa que está haciendo un proyecto acerca del futuro del inglés como lengua franca, hizo la presentación final en una escuela de inglés de Barcelona. Priscila Fernandes presentó su investigación sobre la Escuela Moderna en la Fundación Francisco Ferrer i Guardia. Se trata de buscar ese espacio donde el proyecto tiene sentido, más allá de hacerlo siempre en un espacio artístico porque sí.

En el caso del ciclo ‘Me and You and everyone we meet’, el director de Zumzeig Cinema, Esteban Bernatas, es uno de los primeros que apoyó el proyecto y él nos propuso hacer algo allí. Entonces le planteamos este ciclo de cuatro capítulos que tiene que ver con el espacio de trabajo como un espacio de producción subjetiva, que es necesario revisitar para idear nuevas formas de relacionarnos. La idea era ver qué pasa cuando sacas las películas de un espacio expositivo y las pones en un cine, que muchas veces sería su espacio natural de visualización aunque pocas veces tenemos la oportunidad. Además, cada sesión la presentó alguno de los artistas o alguien externo que tenía algo que decir sobre el tema.

La predominancia que sigue teniendo el formato expositivo como formato por antonomasia es algo que me preocupa mucho. Pasa con lo audiovisual por ejemplo. El museo es un espacio que se piensa en sus inicios para colgar cosas en las paredes y que luego tiene que acoger otro tipo de formatos como el cine, la performance, las instalaciones… para el que no estaba pensado. Desde los 70 venimos hablando de la ruptura del espacio expositivo, del formato… pero seguimos sujetos a un canon de exposición que es muy difícil de romper. Yo defino mi trabajo curatorial como algo muy heterogéneo que se define por un modo de hacer, pensar y actuar, y no por el hecho de hacer exposiciones. Puedo hacer exposiciones, pero los proyectos pueden también tomar otras formas: charlas, debates, programas de radio, caminatas, grupos de trabajo, acciones, intervenciones… o una mezcla de todo ello.

Por ejemplo, ‘Lesson 0’ es un proyecto que hacemos con Azotea, en el que tratamos de reflexionar acerca de la situación actual de la educación artística. El Espai 13 de la Fundación Miró es el lugar desde el que toma forma, pero el proyecto ha durado dos años, en los que hemos hecho una serie de actividades puntuales en colaboración con otros agentes y proyectos que giran alrededor del ciclo de exposiciones. Normalmente los ciclos de Espai 13 son de 5 exposiciones. Nosotros decidimos hacer cuatro y dedicar los recursos de la última a un programa de mediación pedagógica, porque teníamos claro que si queríamos trabajar con la educación artística, no queríamos quedarnos en el espacio expositivo, sino coger las ideas con las que los artistas estaban trabajando y sacarlas de ahí, llevarla a los institutos, los colegios, la universidad… y ver qué sucede.

Invitamos a cuatro artistas internacionales a trabajar sobre modos no habituales de transmitir conocimiento artístico. Queríamos trabajar con el contexto de la educación artística local, así que nos pusimos en contacto con Aida Sánchez de Serdio y ella formó el equipo ‘Pedagogías de Fricción’ con Cristian Añó y Rachel Fedler, el equipo de mediación de ‘Lesson 0’, que está presente desde el primer momento en que empezamos a hablar con los artistas, de forma que las actividades que iban a suceder se estaban retroalimentando con la parte estética que iba a haber en sala, y viceversa.

Para la primera exposición, Priscila Fernández replicó en el Espai 13 un aula de la escuela moderna, en la que había todo lo necesario para hacer una clase (sillas, mesas, pósters con las actividades…), y editó un libro: ’El manual que nunca se escribió de educación artística de la escuela moderna’. A partir de ese manual y ese espacio y durante el tiempo que duró la exposición hicimos un curso para profesorado de educación artística en institutos de secundaria de la ciudad, y que ahora están desarrollando en sus centros educativos los proyectos propuestos en este taller. En la segunda exposición, de Rita Ponce de León, trabajamos con alumnos de secundaria de bachillerato artístico -de hecho, algunos eran alumnos de los profesores del primer curso-. Con la exposición actual, de Anna Craycroft y Marc Vives en colaboración con el colectivo curatorial Rivet, estamos trabajando con la universidad, con cursos de profesionalización de postgrado y con la sala D’art Jove. Y en la última exposición, que inauguraremos en junio, de Eva Kotatkova, la idea es trabajar con equipos de mediación de otros centros de arte de Barcelona.

 
 
*Vista de la exposición The Book of Aesthetic Education of the Modern School, de Priscila Fernandes (19/09/2014 - 08/12/2014). Primera exposición del ciclo Lesson 0, Espai 13, Fundación Miró, Barcelona. Comisariado por Azotea (Ane Agirre y Juan Canela)

M.P. Como nos has comentado, una de las líneas de trabajo que sigues desde el colectivo Azotea es la investigación en torno al estado actual de la educación artística. A final del año pasado participaste en la residencia de investigación en La Ene, Buenos Aires, para seguir indagando en este tema. ¿Qué nos puedes contar del objetivo y los resultados de esta residencia?

J.C. Nosotros pensamos que el arte puede ser un agente activo muy importante en la sociedad, de hecho los artistas son imprescindibles en cualquier sociedad evolucionada que se precie. Por otro lado, cada vez que nos ponemos a hablar del tema acabamos en que la raíz de todo está en la educación. Fui a Buenos Aires a hacer esta Residencia porque es un contexto que conozco, porque mi pareja es de allí y ya había ido varias veces. Es un contexto en el que la educación artística es totalmente distinta, no es nada formal ni normativa, por eso me interesaba ir allí a hacer la investigación. Lo que hice fue entrevistarme con gente de distintos ámbitos de la educación artística y al final de la residencia hicimos una conversación pública en la Ene con alumnos que habían pasado por distintos centros, una discusión de lo que se echa en falta, intentando hacer comparación, y compartir problemáticas y soluciones entre un contexto y otro.

M.P. ¿Cuál crees que es el estado actual de la educación artística en España?

J.C. Pues en general malo. Obviamente no se puede generalizar, pero tenemos un problema grande en la universidad. Existe todavía un apego a ciertas formas de estructura que tienen que ver con otra época. No puede ser que la gente termine y no sepa lo qué es una galería de arte, como se presenta un proyecto, donde pueden aplicar, cual es la diferencia entre un museo y un centro de arte, que posibilidades de seguir formándose tienen... Algo tan fácil como juntar alumnos de historia del arte y bellas artes y hacer proyectos juntos es algo bien raro de encontrar. Si hablamos de pasos anteriores, cada vez más la educación artística va desapareciendo del curriculum de la educación primaria y secundaria, y el espacio (tanto en institutos como en universidades) para la experimentación y la posibilidad de investigar con formatos y dinámicas de aprendizaje diversas es escaso.

M.P. Entonces, ¿qué crees que se podría hacer al respecto?¿Hacia dónde crees que deberían dirigirse las políticas educativas?¿Tienes alguna sugerencia, conociendo otros sistemas?

J.C. Yo no creo que haya un sistema bueno y otro malo. Lo que debería haber es un poco de variedad. Desde luego que haya profesionalidad y seriedad y que la universidad sea un sitio de aprendizaje, experimentación y también profesionalización, no en el sentido de productivismo, sino en el sentido de saber cómo funcionan las cosas para ser capaz de ser crítico con ellas, de inventarte algo tú mismo; de tener incentivo y tener un pensamiento crítico. No creo que haya un sistema que se pueda aplicar a todas partes, no podemos hacer lo mismo aquí que en Suecia, habría que buscar un sistema propio. Lo que sí que habría que cambiar son los sistemas arcaicos que tenemos en las universidades, y desde luego dejar de precarizar cada vez más a los trabajadores y dejar hacer a la gente que quiere implementar nuevas ideas, y tratar de crear muchas más vías de comunicación entre la universidad y otros ámbitos.

M.P. Entre tus últimos proyectos encontramos la exposición ‘¿Por qué lo llaman entropía?’, en Guadalajara México (Marzo 2015); y ‘großiga m’pfa habla horem’, en Caixaforum, Barcelona (Octubre 2015). ¿En qué consisten? ¿Tienes alguna otra línea de trabajo abierta para un futuro próximo?

J.C. ‘¿Por qué lo llaman entropía?’ es un proyecto expositivo para la edición 0 del Encuentro de Cultura Contemporánea en Guadalajara (México) que se hará en 2016, al que me invitaron junto a Arianna Ramoneti para llevar la parte de artes visuales. Se lleva a cabo en distintas localizaciones de Guadalajara, y nosotros hicimos una pequeña exposición en una galería. Trabajamos a partir del tema de la entropía, que es el tema de toda esta edición; investigamos acerca de sus distintas acepciones y seleccionamos algunas artistas mejicanas y otras de Barcelona. Ahora estamos ya trabajando en lo que será el proyecto de 2016. Es genial poder trabajar en un contexto como México, es un sitio en el que hay mucha energía, muchas posibilidades…

Por otro lado, el proyecto ‘großiga m’pfa habla horem’, tiene este título impronunciable porque es un verso del poema ‘Karawane’, el primer poema dadaísta que escribió Hugo Ball en 1916, y lo elegí como título del proyecto porque tiene que ver con la transmisión de conocimiento más allá de las palabras. Es una reflexión sobre el lenguaje, y sobre cómo puede limitarnos a un cierto tipo de comunicación. Me parece necesario ensayar otras formas de comunicación que tienen que ver con la performatividad y con un entendimiento performativo del mundo, en contraposición a un conocimiento más narrativo y lineal que supone el lenguaje. Hay una serie de trabajos de las colecciones de la Caixa y el Macba que tienen que ver con estas temáticas desde distintos puntos de vista. Luego hay una serie de artistas jóvenes o contemporáneos que invito a hacer intervenciones y performances en conversación con estas obras. Hay un intento de entender una colección de arte contemporáneo como algo muy vivo y que puede ser performativo; que puedes sacar y realmente dialogar con esas obras y ponerlas en juego con otras cosas, no simplemente sacar y enseñar y ponerlas unas junto a otras.

Aparte de eso, voy a comisariar Opening en ARCO el año que viene, y en junio voy a unas charlas de arte y educación en Appel, Amsterdam, y a Synapse, un workshop de comisarios internacionales en Berlín, y en Octubre comisarío un programa de performances para SWAB.

M.P. Por último: estudiaste en Galicia y has desarrollado tu carrera principalmente desde Barcelona, ¿tienes algún contacto con el panorama del arte contemporáneo andaluz? ¿Qué diferencias encuentras con respecto al panorama catalán?

J.C. La verdad es que tengo poco contacto. Más o menos los contextos artísticos de España los controlo, en Galicia he hecho cosas, en Euskadi también, en Barcelona por supuesto, en Madrid… pero de Andalucía realmente conozco poco. Voy siguiendo cosas pero desde lejos.

Creo que puede haber una falta de visibilidad, porque no creo que sea que no están pasando cosas. Lo que se ve desde fuera puede ser el CAC de Málaga, el CAAC de Sevilla…y poco más. Conozco artistas pero muchas veces es porque salen y trabajan fuera. Pero por lo demás es un poco una incógnita, y la verdad es que tengo curiosidad por saber lo que pasa por allí.

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PRESENTE CONTINUO - Sevilla (España) - 2015 - ISSN 2444-5231
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