Lunes, 23 Octubre 2017
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JUAN ÁNGEL GONZÁLEZ DE LA CALLE: CAMPOS ALFOMBRADOS Y CIELOS DE CRISTAL
por Clara Bajo Publicado el 10 de Marzo de 2015

JUAN ÁNGEL GONZÁLEZ DE LA CALLE > El paisaje se hizo siempre de todo material

Galería Estampa - Madrid

Hasta el 28 de marzo de 2015


La captación de una imagen y la reformulación de la misma en nuestro cerebro es un proceso complejo que el hombre ha ido perfeccionando en su evolución. Rápidamente somos capaces de descodificar las señales que recibimos para poder comprender aquello que se nos presenta visualmente y poco a poco según crecemos vamos alimentando nuestro personal “Palacio de la Memoria” a base de objetos, personas, lugares y realidades que conocemos y recordamos. En la sociedad actual esto se amplifica, no solo por la extensa oferta visual que recibimos ya por muy diversos medios, sino por los prejuicios fuertemente instaurados que condicionan de forma inevitable la interpretación de la realidad que nos rodea. ¿Qué pasa, entonces, cuando algo no encaja en el conjunto al que estamos habituados? ¿Cómo reaccionamos cuando la tierra se ha convertido en una alfombra gigante sobre la que se va acumulando la nieve del Polo Norte y por la que transitan osos polares? Rápidamente la nota discordante hace saltar una alarma que nos avisa de que algo no concuerda, lo localizamos y entonces nos preguntamos por qué.

Es a esta situación a la que las escenas representadas en las pinturas de Juan Ángel González de la Calle (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1956) exponen al espectador, obras que pasan a conformar la actual muestra `El Paisaje se hizo siempre de todo material´ en la Galería Estampa. Se retoma en ésta la línea artística que marca la trayectoria del pintor y que había sido ya presentada en una exposición anterior en 2010 en el mismo espacio madrileño. De la Calle introduce elementos intrusos en las escenas con el fin de sortear el proceso lógico de nuestra mente para llegar a incomodarla con enigmas sin solución, abiertos a cualquier interpretación que se atreva a intentar justificarlos. Esta es una intención que comparte de forma ineludible con el Surrealismo, movimiento que en la presentación de sugerentes aberraciones del mundo que conocemos alcanza la propia incoherencia de lo absurdo, un límite al que este pintor no llega puesto que, después de todo, los signos que conjuga son perfectamente reconocibles individualmente, pero discordantes en su unión. Una conjunción que, de forma inexplicable, consigue crear paradójicamente un efecto de naturalidad, de normalidad por el tratamiento que recibe a través de una técnica pictórica tradicional.

De esta forma la serie ‘De todo material’ muestra campos de coloridas alfombras sobre los que se proyectan las sombras de nubes o bien, un paisaje sobrevolado por pelícanos en el que el cielo es una enorme cristalera, mientras una mano amenazante parece tener el control de la palanca para hacer caer toda la escena. Se establece así un juego entre interiores y exteriores, entre diferentes materiales y texturas que, pese a la extrañeza de la nueva función de los objetos, llegan a cumplirla de forma natural en cuanto se comprende que el paisaje se hace con cualquier material. De la Calle juega igualmente con la superposición de planos para insertar las diferentes dimensiones de las obras: rejas ante un paisaje infinito en el que una manada de elefantes, el animal de la memoria, vuelve la espalda al reloj que preside el conjunto simbolizando el tiempo y en el que podemos reconocer una crítica a la fugacidad de la vida, presente también por las pompas de jabón, vida que ahora en el mundo contemporáneo se consume instante a instante de forma compulsiva. Y es que la ironía y la pátina de humor son otro rasgo que el pintor imprime a su obra.

De los grandes acrílicos sobre papel o sobre lienzo, se pasa a cuadernos desplegables que de forma más íntima revelan el universo creativo del artista. En ellos se apunta una reflexión sobre la dialéctica entre marco y pintura o se retoma el concepto del tiempo, protagonista de ‘El tiempo y la forma’ en el que la misma escena se representa en diferentes ocasiones en las que varía el tiempo de ejecución, para analizar así su repercusión en el resultado final.

Ya sea la combinación de piezas, el contraste de materiales o la confrontación de espacios internos y externos en un paisaje único, con la nieve, las nubes, las pompas, los globos… una misma idea subyace, tempus fugit. Y al igual que el tiempo, también se nos puede escapar la comprensión de una realidad cercana.

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PRESENTE CONTINUO - Sevilla (España) - 2015 - ISSN 2444-5231
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