Lunes, 18 Diciembre 2017
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Mil historias sin contar
por Ismael Ábrego Publicado el 21 de Enero de 2015

Caos, la historia de la fotografía
 Comisario > Rafael Doctor 

Centro Andaluz de la Fotografía - Almería
Hasta el 15 de Febrero de 2015
 

Caos hace alusión en el pensamiento griego al concepto opuesto a cosmos, es el estado de indistinción en el que se encontraban las cosas justo antes de que el demiurgo les diera nombre y las ordenara. Y caos es como se ha titulado la muestra que recoge parte de la colección personal de fotografía de Rafael Doctor (Calzada de Calatrava, Ciudad Real, 1966). La razón se hace evidente cuando al entrar a la sala encontramos una enorme cantidad de fotografías que recubren cada pared como en un cuarto de maravillas dieciochesco, sin un orden aparente de fecha, autoría, técnica o temática. Nótese que ésta es la media parte de otra exhibición previa, `Taxonomía del caos´, que se realizó en el Museos Lázaro Galdiano en el año 2013.

Rafael Doctor hace de comisario de su propia colección, incluso -aunque no he tenido el gusto personal- suele hacer de cicerone para el visitante, al que agasaja contándole las historias que se esconden en cada pieza, historias que sólo él, al rescatarlas del olvido, conoce. Busca trasladar su propio espacio cotidiano al museo, hacer al visitante partícipe del amor y fascinación que siente por ellas, despertar la curiosidad y el ánimo humanista que llevan al placer de la reflexión, no en vano, en su faceta de teórico del arte e historiador, hace clara apología de un papel educativo y social más activo para museos y colecciones.

Mencionaba antes la emoción del coleccionista y es que no puede ser de otra forma, sólo a raíz de un sentimiento así es posible llevar a cabo la labor intensiva, casi obsesiva, de rastrear hasta el origen de la fotografía por ferias, mercadillos y anticuarios de todo el mundo, pero no sólo se presentan anónimos y autores del siglo XIX como Clifford o Laurent, también reconoceremos otros contemporáneos como Shirin Neshat, Cristina García Rodero, Bernard Plossu o el propio Rafael Doctor, todos reunidos sin jerarquías en directa conversación.

El retrato -junto con el cuerpo- toma aquí un papel central, cuando uno se expone a tantos rostros y miradas no puede dejar de recordar el “esto ha sido”, en imaginarse cómo fueron las vidas e ilusiones de quienes tienes ante ti. Como Rafael indica, muchas de estas imágenes eran de las pocas, si no las únicas que estas personas tenían, se realizaban para momentos especiales de la vida y se guardaban como tesoros, tenían un valor que hoy se ha visto anegado por la profusión visual que nos envuelve, lo que da pista del potencial introspectivo que aguarda al observador si logra ir más allá e introducirse en la imagen.

Junto al aspecto psicológico de la representación de individuos, la evocación romántica de los exploradores de tierras lejanas. Estas piezas trascienden el presente y vuelan a un mundo donde las identidades culturales aún permanecían intactas: samuráis japoneses, pastores nómadas del Sahel, campesinos ingleses, los registros de las primeras expediciones arqueológicas, un panorama de todo tal y como estaba justo el momento antes de que el mundo se hiciese mucho más pequeño al haberse convertido lo que eran duras travesías de días, en paseos de horas.

En síntesis, desde la propia conceptualización de la exposición hasta la elección del término “caos”, está invitándonos a sumergirnos, a perdernos, a abandonar la mirada que vagará sin saber a dónde atenerse, punzada por memorias propias y ajenas. Pese a no suponer ni el diez por ciento del total que Doctor guarda en su casa, ésta es una muestra de fuerte presencia, por lo que es recomendable guardar tiempo suficiente para disfrutarla con detenimiento.

 

PRESENTE CONTINUO - Sevilla (España) - 2015 - ISSN 2444-5231
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