Lunes, 26 Junio 2017
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CIEN AÑOS DE JOSÉ GUERRERO. PARTE 2
por Pamela Medina Publicado el 30 de Diciembre de 2014

JOSÉ GUERRERO > The Presence of Black (1950-1966)
 
Centro José Guerrero y Palacio Carlos V, la Alhambra - Granada
Hasta el 6 de enero de 2015

A comienzo de los años 50, el nuevo epicentro mundial de las vanguardias ya se encontraba en pleno proceso de asentamiento. La resaca europea de posguerra había confinado el núcleo del desarrollo artístico al otro lado del Atlántico, y José Guerrero (Granada, 1914 - Barcelona, 1991), sensible a su contexto histórico y a la sazón de sus recientes nupcias con la periodista norteamericana Roxane Whittier Pollock, se dejó absorber por este incipiente vórtice cultural llamado Nueva York. Aquella estancia, extendida a lo largo de quince fructíferos años (desde 1950 a 1966), es lo que se conoce como “los años americanos” del pintor y es también el marco temático escogido por los comisarios Yolanda Romero y Francisco Baena para articular la celebración de su centenario en Granada, su ciudad de origen.


Dicho periodo de internacionalización e inserción en las vanguardias americanas, dejó obras plenas de experimentación y especialmente reveladoras para la comprensión de una trayectoria que alcanzó su mayor reconocimiento en España entre los 70 y 90; periodo contemplado por la Galería Cayón para conmemorar al maestro granadino en Madrid.

Tres lustros de producción se reescriben hoy, pieza a pieza, en una historia con un título que rememora a aquel escogido en clave autobiográfica, hace más de medio siglo, por el propio artista. En 1958 inaugura ‘The Presence of Black’¹, cuyo nombre además de aludir a su estado anímico, fue también la acción legitimadora de un ansiado sello estilístico: el negro enlutado de su infancia, el negro vibrante de su España natal, le pertenecía.

En el capítulo inicial del itinerario, en el Palacio de Carlos V, encontramos las primeras secuelas de un Guerrero conmocionado con el modo en que los expresionistas abstractos entendían la pintura. Aquí, un preludio a la abstracción en forma de óleo, ‘Lavanderas’ (1950), marca el punto de inflexión a partir del cual comienza a abandonar la figuración. En esta misma fase, los grabados biomórficos y sus -por primera vez expuestos- “frescos portátiles”, revelan el influjo mironiano de aquel periodo. Las formas contenidas y delimitadas, dan paso a una pintura de mayor expresividad en la capilla del palacio; el gesto va tomando más protagonismo y la escala aumenta en coherencia con esta apertura formal.

En pos de un discurso preeminentemente narrativo, la inclusión de piezas que se adelantan en fecha y estilo a las de su contexto, es una constante a destacar en cuanto al criterio expositivo. En este sentido, ‘Albaicín’ (1962) presagia la siguiente etapa en el centro homónimo al pintor, donde el trazo ya deliberadamente expresionista, desdibuja progresivamente los límites entre figura y fondo. Un formalismo asumido, pero a la vez un tanto contradictorio por las reminiscencias literarias y simbólicas presentes en los títulos de sus trabajos. Nombres como ‘Grey Sorcery’ (1962), nos dan cuenta de un artista preocupado por la técnica, pero a la vez profundamente emocional.

Si ‘Lavanderas’ es el preludio de esta historia, ‘La brecha de Víznar’ (1966) es el epílogo. Una fértil propuesta plástica, seña de una pintura menos gestual pero a la vez más consciente, que se comienza a fraguar en torno a su temporal repatriación en 1965. En este episodio final, las evocaciones iconográficas reaparecen; los planos de color se superponen y se organizan en perfecta tensión, anticipándose al orden arquitectónico de sus futuras “cerillas”.

La consagración de sus últimas décadas de producción acabaría por sembrar inevitablemente una deuda con el Guerrero que por aquellos años americanos ensayó, erró, abandonó, cambió y finalmente aceptó su propia esencia dual: tan andaluz como internacional, tan racional como pasional. Esta muestra viene finalmente a saldar aquella deuda. Una vez más “el guerrero retorna al origen”.

 

¹ A finales de 1958 José Guerrero inaugura bajo el título ‘The Presence of Black’, su tercera exposición individual en la galería neoyorkina Betty Parsons, la misma de artistas como Pollock, Rothko o Clifford Still.

PRESENTE CONTINUO - Sevilla (España) - 2015 - ISSN 2444-5231
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