Lunes, 20 Noviembre 2017
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MICHAËL BORREMANS, PINTURA DE AIRE E INTERSTICIOS
por Alberto Arenillas Publicado el 02 de Diciembre de 2015

MICHAËL BORREMANS > Fixture
 
Centro de Arte Contemporáneo - Málaga
Hasta el 17 de enero de 2016
 

 
En el mundo de hoy, el de las redes sociales y sus perfiles proyectores de imágenes estereotipadas; el de la conexión continua; el de las relaciones a distancia y la sobrevaloración de las relaciones públicas como cualidad sine qua non; el de los maquillajes diarios de cuerpo y alma, no estamos acostumbrados a conferir el peso que se merece a lo interno, lo íntimo, lo indeterminado, lo oculto, lo no dicho ni visto, al fin y al cabo, al hermetismo personal casi instrasferible, con todo lo peyorativo que incluye el término. Es más -consecuencia de todo ello o no- existe en la actualidad un afán considerable por dejar el análisis de cualquier cuestión en un plano de estudio superficial, reduciéndolo a asuntos comunes y consabidos. Quizá estemos enmascarando mucho más de lo que imaginamos.
 
De hecho, si se tuviera que reflexionar, por poner un ejemplo, sobre la fiesta del carnaval y sus orígenes, la gran mayoría se quedaría con detalles de su expresión más popular y local como pudieran ser canciones, cabalgatas o disfraces. Su carácter cromático, jubiloso, su particularidad expresiva y promiscua de excesos hacen de ella una celebración de gran seguimiento y renombre. Es una festividad que conjuga orígenes paganos y cristianos, pero siempre con tintes expresionistas para dar rienda suelta al ser humano y sacar fuera todo lo que poco después se convertirá en restricciones y constricciones. Además, se trata de una cita trascendental del calendario en un país como Bélgica, en cuya zona del Flandes oriental, nació, reside y trabaja Michaël Borremans (Geraardsbergen, 1963), cerca del reconocido epicentro que supone para esta fiesta el municipio de Aalst.
 
En `Fixture´, la exposición que presenta el artista belga en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, se vienen a aglutinar de manera sincrética algunos de los elementos que han protagonizado su carrera artística y en concreto sus dos últimas muestras -`The Devil´s Dress´ (2011) y `Black Mould´ (2015)- con David Zwirner, su galería desde 2001. Esto es el juego abierto y contradictorio entre figuras vacías y disfraces mentales asimilados como propios de la condición humana, en su tensión real e imaginaria. Es como si Borremans se dispusiera a proyectar un mundo extremadamente inquietante, sombrío e irresoluto a través de un metalenguaje en clave carnavalesca. Queda patente la creación de un poderoso mundo visual a partir de la traslación de fotografías al lienzo -su abuelo era fotógrafo-, pero confía en la lectura entre líneas -y obras espaciadas en el muro- por parte del espectador. Su producción requiere analizar todos los intersticios y rastrear cada resquicio posible.
 
En efecto, su obra cobija una suerte de elementos que esconden y a la vez insinúan un juego abierto a favor de esta relación velada con el mundo del carnaval: el artista belga concede a su pintura una evidente preponderancia del juego teatral de mostrar para ocultar, de exteriorizar e interiorizar a través de un método manual, como son buen ejemplo `The Resemblance´ (2006) o `Red hand, green hand´ (2010). Es un diálogo entre miradas y manos, una especie de “escondite” perverso y constante al ojo, lo que también se explora en una obra que posiblemente alimentase sus primeras piezas en video, `One´ (2003) y en `The egg III y IV´ (2012) con su correspondiente reto a la visibilidad. Esta teatralidad reflexiva sobre la apariencia se inmiscuye además entre las bambalinas de su modo de hacer. Borremans necesita o se toma un tiempo extenso para la preparación individual de cada obra -como la concepción de cualquier disfraz, no se sabe si tanto o más que para la factura del traje del niño en `The Missile´ (2013)-, mientras que presume de una ejecución rápida, e incluso suele dar un toque de barniz final a sus pinturas, al modo de los últimos retoques para lucir mejor en la oportuna fiesta de carnavales. Todo ello confluye en una reflexión latente sobre la identidad y la indeterminación de la naturaleza humana, lo que potencia más aún el uso de las sombras y el negro en piezas tan emblemáticas de la muestra como los `The Angel´ (2013), donde se especula con la no expresión o la expresión ficticia, en suma, con el anonimato. Esto une de forma directa con su pretendida lectura irresoluble de cada obra, huyendo de enfoques maniqueos sobre la complejidad de lo que plantea. Se puede decir que humaniza y deshumaniza a su antojo, llegando a borrar ennegrecidos los rostros de sus ángeles para al mismo tiempo, personificar la apariencia objetual de una rama expuesta en `The Branch´ (2003). Se trata realmente de los elementos que han formado y configuran su propio universo.
                                                                                                    
Toda este aura consustancial e imborrable proviene de su personal producción y también de una museografía “borremanesca” -elegida por el artista- que opta por dejar tomar aire entre pintura y pintura, distanciando considerablemente las obras y generando una ambientación solemne casi sacralizada. Todo ello se recoge de forma magistral en la atmósfera que se puede casi husmear en el pequeño espacio inesperado al final de la muestra. Las cuatro piezas que alberga son reflejo del culto al fragmento que practica, partes muy sensibles del cuerpo -`Sleeper´ (2007-2008), `Vertebra´ (2009), `The Case´ (2009)- que impactan al espectador, el cual parece necesitado de tirar del patético hilo de esa descomunal figura de `The Loan´ (2011) en su ansia de saber más. La combinación de formatos hace que el distanciamiento sea fluctuante hacia unas obras que exhalan ambigüedad y actúan como profundo reclamo. Esta “habitación” se convierte en una especie de sacristía exultante de su quehacer y en ella da cuerpo -nunca mejor dicho- a la reflexión sobre la imagen humana, que es parte de la esencia, del respirar de la pintura de Borremans.
 
No en vano, para los flamencos -los de aquí, no los de allí- la expresión “tener aire” alberga mucho más allá de la literalidad. El aire en este caso, es eso que marca la diferencia. Es el todo expresivo y propio que partiendo de diversos elementos creativos provoca el juego de distanciamiento y atracción que nace de una determinada chispa o conjunto de ellas, para dejar paso a un modo tan personal que traspasa todo lo que sobra del contexto en un instante o en un trabajo artístico puntual. Es que “hacer algo con aire” o “pintar con aire” es por supuesto eso que comentaba el mismo Borremans sobre la técnica que seguía su admirado pintor español del barroco, Velázquez: los pequeños toques puntuales y gestuales de pincel a través de un mango que podía llegar a medir más de un metro de longitud. Por establecer un parangón, es como si Borremans tirase de ese útil de pintura para transmutar cada una de estas personales y distantes pinceladas a cada una de sus obras, que como elemento individual supone en realidad un golpe visual, veloz y representativo de su percepción propia. Se trata de una neoconcepción para ese “aire”, su obra configura un ambiente específico en el que la atmósfera general está encerrada en sus trabajos, mucho más que la simple imagen. En sus piezas se dan cita también esos fondos indefinidos del propio Velázquez, y esa solemnidad especial hacia la pintura y como pintor, de Carel Fabritius, conformando unos vacios espaciales y un orgullo humilde por su oficio que contribuyen a crear ese aura purificadora.
 
Y es que toda celebración del carnaval en Bélgica concluye con la quema del bonhomme -muñeco, en contra de lo que pudiera insinuar el término- en un ejercicio catárquico de lo que para el artista belga podría ser desenmascarar el pasado para visualizar el presente, de abrir un nuevo futuro a sabiendas de la fugacidad del tiempo, de que la naturaleza humana también se seca, como lo hace la pintura. Es posible que el arte de Borremans busque también un impacto límite, pero su fuego es expiatorio, aporta una llama muy estimable a la regeneración de la pintura en los últimos años.

PRESENTE CONTINUO - Sevilla (España) - 2015 - ISSN 2444-5231
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