Jueves, 22 Junio 2017
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ANA BARRIGA, INSTINTO Y APTITUD
por Sara Blanco Publicado el 09 de Octubre de 2015

ANA BARRIGA > El hombre y la madera
 
Galería Birimbao - Sevilla
Hasta el 30 de octubre de 2015


H
ace exactamente tres años, en octubre de 2012, Ana Barriga (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1984) se abría un hueco dentro del panorama artístico hispalense con su participación en la colectiva ‘Que vienen los bárbaros’. Esta exposición en el Centro de las Artes de Sevilla (CAS) supuso un antes y un después en su carrera y en la de muchos otros de los allí presentes. Nombres con una proyección dispar en la actualidad pero que fueron el germen de una nueva generación de artistas coincidiendo con el cambio de década.

Desde entonces, a través de una pincelada vibrante y espontánea y con un interés en el medio pictórico que va más allá de su utilización como mera representación de lo que ve, Barriga no ha hecho más que afianzarse un camino a base de éxitos. Seleccionada por el programa Iniciarte con ‘Panel de Control’ en 2013 y la distinción de su trabajo en el Open Call de la Galería Luis Adelantado de Valencia (2014), le han servido de firme andamiaje para dar el salto al contexto nacional de la mano de la también valenciana Espai Tactel. Un crecimiento rápido y exponencial en un corto espacio de tiempo que le ha llevado a posicionarse en la cima de la creación española actual como uno de los valores andaluces a tener en cuenta, llegando a formar parte del laureado proyecto expositivo ‘SATURATION’ organizado por el colectivo de comisariado SCAN este mismo verano en Londres. Así las cosas y con un futuro más que prometedor, la artista regresa a su ciudad de adopción –Sevilla- para mostrar ‘El hombre y la madera’, su trabajo más reciente en la veterana galería Birimbao.

Utilizando como pretexto la necesidad innata del ser humano por crear y hacer visibles sus mitos desde tiempos prehistóricos –donde la madera se convertía en el recurso principal para ello-, la artista transfiere esta pulsión creativa a lo pictórico como mecanismo ideal con el que interpretar su propio conocimiento del entorno. La predilección por este medio no es casual, ya que ella misma reconoce la influencia que ejercen en su producción pintores de la generación anterior como Miki Leal, Gloria Martín y especialmente Rubén Guerrero. A pesar de todo, su bagaje como ebanista y diseñadora de muebles se deja sentir cuando ensambla, pinta, corta y concibe sobre el plano las figuras de bulto redondo.

No menos peculiar en esta muestra es su aproximación a la filosofía estética de Friedrich Schiller, quien en sus ‘Cartas sobre la educación estética del hombre’ (1795) habla sobre lo lúdico como única forma de conciliar los dos caracteres opuestos del individuo: lo racional y lo emocional. Y es que en cierta medida, aunque estas teorías están muy presentes en lo formal con piezas pobladas por muñecos –‘Fiesta salvaje’ (2015)- o aludiendo a juegos infantiles –‘Rayuela’ (2015)-, también lo están en la concepción misma de las obras. Hay algo intrínseco en la manera de engendrarlas que destila diversión, el placer del trabajo en el estudio, de enfrentarse a cada pieza con un estímulo nuevo, esencial e irrefrenable. No en vano, se trata de un proceso en el que el hallazgo adquiere un papel principal, con ritmos marcados a base de impulsos, donde los cambios de escala y la rotundidad de los colores planos -amarillos, verdes, azules y rojos que de alguna forma aluden al juego- le sirven a la artista para descontextualizar objetos aparentemente intrascendentes y crear realidades nuevas.

Esta estética pop y algo desenfadada que confiere a todos sus trabajos, se ve reforzada por el carácter instalativo y la tendencia a integrar las piezas en el espacio. Algo así ocurría en el proyecto elegido para DMENCIA –‘Campaña de cosméticos’ (2014)-, pero sobre todo en su participación el pasado mes de febrero en Casa Leibniz –Madrid-, aprovechando la estela de ARCO 2015. En esta ocasión, Barriga ha decidido optar por el papel como soporte, ya que le ofrece una mayor libertad de formatos y le permite apostar por nuevas técnicas como el collage, visible en piezas como ‘Aunque llores’ (2015) o ‘Beso guarro’ (2015) y que concuerdan a la perfección con su concepto fragmentario de lo visual a la hora de componer.

Con esta predisposición por experimentar con todo aquello que trascienda de la pintura, habría que destacar la obra ‘En algo hay que creer’ (2015), realizada en óleo, rotulador y spray sobre tela. En ella se reúne todo lo dicho anteriormente, además de sintetizar a la perfección esa inclinación del hombre por hacer tangible su fe a través de la creación plástica, en contraposición al interés de la artista por encontrar su mito personal mediante lo pictórico -«the Little God»-. Madera y pintura, dogma y escepticismo, herencia e instinto, dos caras de una misma moneda en una ciudad donde la tradición siempre será monopolio… o no.

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PRESENTE CONTINUO - Sevilla (España) - 2015 - ISSN 2444-5231
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