Lunes, 18 Junio 2018
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ESPAÑA Y MARRUECOS, ACERCANDO ORILLAS
por Paloma Soriano Publicado el 11 de Junio de 2015

Expectativa y memoria. España - Marruecos / XX-XXI

Real Alcázar - Sevilla 

Hasta el 20 de julio de 2015


Los acontecimientos históricos son lo que marcan el devenir de un país, es decir, su historia. Son estos hechos los que propician que una serie de circunstancias repercutan en su posterior evolución, y por ende en la cultura y en las costumbres. Sin embargo, son las personas las que realmente dan continuidad a la esencia de una región, a través de situaciones cotidianas que, observadas desde el exterior, revelan una forma de vida fruto de su bagaje.

Algo semejante es lo que intenta trasmitir la muestra ‘Expectativa y Memoria’, -organizada por la Fundación Ankaria en colaboración con Iberdrola-, a través de una selección de fotografías y videocreaciones -tanto de autores españoles como marroquíes- que nos descubren la cara más humana al otro lado del Estrecho. Por medio de ellas, pretende hacer una introspección en las relaciones e intercambios que han mantenido España y Marruecos desde las primeras décadas del siglo XX -con la firma en 1912 del acuerdo para la creación del Protectorado español-, y que aún a día de hoy se mantiene con los flujos migratorios del norte de África hacia el Sur de Europa. Sin embargo, esta reflexión no se plantea puntualizando en el hecho histórico, sino poniendo en valor sus tradiciones y sus gentes, buscando concordancias con la cultura española, y en concreto con su pasado islámico.

La génesis de este planteamiento son las instantáneas de época de dos figuras imprescindibles en la historia de la fotografía española: José Ortiz Echagüe (Guadalajara, 1906 – Madrid, 1974), expuestas por primera vez en Andalucía, y de Bartolomé Ros (Cartagena, 1906 – Madrid, 1974).

Ortiz Echagüe, amante de la técnica fotográfica desde muy joven, fue enviado como ingeniero militar a la zona del Rif durante el conflicto armado (1911-1926). Allí encontró en los bereberes y en sus hábitos, así como en los paisajes del lugar, una fuente casi inagotable de imágenes, realizando una serie titulada ‘Gentes del Rif’ (1909-15). En ella, nos muestra tipos muy particulares de la zona, plasmando sus caracteres fundamentales a través retratos de medio cuerpo. Además de por la profundidad de las miradas de los retratados, estas piezas destacan por la utilización de una técnica muy complicada, el carbón directo sobre papel fresson, que hace que el resultado sea cercano al carboncillo.

Por su parte, Bartolomé Ros, a través de las series ‘Vida en las ciudades de Marruecos’, ‘Inauguraciones oficiales’ y ‘Vida en los cuarteles’ (1925-30), nos revela el día a día del Protectorado español en el país africano, así como la modernización progresiva que se produjo en la ciudad de Tetuán tras la llegada de los españoles. A pesar de estar relacionadas con el conflicto, son fotografías amables, de la vida diaria de los militares y que suponen un documento esencial para la comprensión de las formas de vida en Marruecos a principios del siglo XX.

Las piezas de ambos conviven con la de artistas contemporáneos, tanto españoles como marroquíes. Entre los primeros, encontramos a Miguel Trillo (Jimena de la Frontera, Cádiz, 1953), Juan Manuel Castro Prieto (Madrid, 1958), Francis Tsang (Londres, Inglaterra, 1966), Manolo Espaliú (Sevilla, 1970), Lucas Gómez (San Sebastián, 1972) y Carla Andrade (Vigo, 1983). Los marroquíes, por su parte, son Bruno Barbey (Marrakech, Marruecos, 1941), Leila Alaoui (París, Francia, 1982) -que expone por primera vez en España-, Omar Mahfoudi (Tanger, Marruecos, 1981) y Yasmine Taferssiti (Tanger, 1988).

A pesar de sus distintas nacionalidades, todos sus trabajos presentes en la muestra tienen un punto en común: las características culturales, las gentes y los arquetipos del país africano. Todo ello visto e interpretado desde distintas ópticas, imprimiendo en cada una de las imágenes un enfoque personal en consonancia con su trayectoria artística.

Es el caso de los retratos de Miguel Trillo, de la serie ‘En el Festival L’Boulevard Casablanca’ (2014), donde el gaditano continúa con su investigación sobre las tribus juveniles -que inició en la década de los 80 con la Movida Madrileña-. En esta ocasión, sin embargo, representa a adolescentes marroquíes que ya no visten chilaba, sino atuendos más propios de la cultura occidental. Esto contrasta con los retratos de Alaoui -serie ‘The Moroccans’ (2011)- que nos descubren figuras oriundas y casi en peligro de extinción, vestidas con ropajes tradicionales. Ambas series nos muestran la doble cara de la cultura actual marroquí, donde lo occidental se ha introducido en mayor o menor medida, aunque sobreviven algunos vestigios de unos modos de vida muy personales

El paisaje del norte africano también se encuentra representado en la exposición gracias al trabajo de Carla Andrade, ‘Marruecos’ (2011), una serie de 16 de fotografías en loop que conforman una pieza audiovisual relacionado con las vivencias personales de su creadora -su abuela nació en un pequeño pueblo marroquí-. En estas instantáneas, investiga sobre el paisaje de la zona, que ella relaciona con lo femenino y la fertilidad.

Destacar también, entre otros, las fotografías de Lucas Gómez -serie ‘Marruecos’ (2010)- llenas de espontaneidad, muy cercanas a la obra  audiovisual de Omar Mahfoudi -‘Los Navegantes’ (2008) rodada en el Café de los Navegantes de Tánger. Ésta se detiene en hechos rutinarios para darnos a entender que la  vida se encuentra en los pequeños detalles. Juan Manuel Castro Prieto, por su parte, nos presenta algunos de los resultados de su viaje en busca de las huellas de lo que fue el Protectorado español, instantáneas donde se hace patente el limbo entre la tradición y la modernidad en el que se encuentra ese país de cambio.

Y es que quizás, inevitablemente, España y Marruecos estaban destinados a encontrarse. Tal vez no es casualidad que sólo nos separen una decena de kilómetros, que a principios del siglo XX se produjera un conflicto entre ambos países o que en la actualidad se produzcan flujos migratorios… Y es que es una realidad que nuestras culturas poseen rasgos semejantes -desde expresiones populares hasta elementos arquitectónicos-, como consecuencia de los avatares históricos. En definitiva, unos puntos comunes que deben servir para aproximarnos y acercar orillas.

Ver más sobre , Manolo Espaliú, Miguel Trillo.
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PRESENTE CONTINUO - Sevilla (España) - 2015 - ISSN 2444-5231
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